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EL VIAJERO

La mañana

La mañana

La luz se filtra por la persiana dulcemente. Al parecer se ha disipado la niebla. ¿Qué hora  será? Debe ser tarde. Desperezarse, sin levantarse todavía de la cama. El vago recuerdo de un sueño ronda mi cabeza. Sí, algo he soñado... pero ¿qué era, qué había sido? Todavía estoy un poco aturdido, obnubilado. Quizás he dormido demasiado. Bueno... el hotel es bien silencioso. No se oye nada, ni un grifo correr ni un teléfono, ni una puerta. De pronto recuerdo el paseo del día anterior y la extraña sensación al pasar por aquella pequeña plaza. ¿Había tenido algo que ver con el sueño de esta noche? Podría intentar volver a dormir, a lo mejor así podría retomarlo y averiguar algo... pero no va a funcionar: ya estoy  despierto.

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Hay que levantarse entonces, levantarse, pero... ¿Qué había soñado? Había sudado bastante, todavía tengo húmeda la camiseta... Bueno, fuera lo que fuera ya volvería a la memoria o simplemente se perdería para siempre. ¿De qué sirve un sueño que se pierde, para qué soñamos? Filosofía matinal.

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Está bien, la ducha tiene buena presión y el agua está bien caliente. Agua tibia, útero materno, paréntesis de felicidad. Hambre, tengo un poco de hambre. Nada es perfecto. Todo son sensaciones. El cuerpo habla, sólo hay que escucharlo ¿o es el alma? Hambre o frío o duda de un recuerdo. Habla, habla, te escucho bajo el agua, habla. Podría hasta cantar en este momento fugaz de felicidad... pero es mejor no hacerlo. Es mejor guardar silencio para escuchar... silencio.

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Aquella placita... ¿sabría reencontrarla? Bueno tarde o temprano daría con ella, la ciudad no era muy grande. Una fuente y unos árboles y algún banco y una pequeña iglesia me parece recordar... con una puerta... o sin puerta. No recuerdo una puerta..., no lejos del río.

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Ciudad desconocida. ¿Qué iba a hacer hoy? Respirar, respirar plácidamente, eso era todo, ese era el plan. Respirar y escuchar al cuerpo o al alma, a quien quiera que sea el que hable. Oigo un ruido en el pasillo. El hotel está vivo. Yo estoy vivo debajo de una cascada de agua ¿o todo es una ilusión, la sombra de platón, el reflejo chinesco de un protagonista caprichoso? Basta de agua, voy a convertirme en pez... Bueno, no sería el primer mamífero en hacerlo. Volver a los océanos. Volver a empezar, volver.

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Oigo más ruidos, deben estar haciendo la limpieza. Debe ser una sola persona, no hay conversaciones. Una sola persona con su carrito y sus pertrechos, su cubo y sus sábanas, una mujer posiblemente, quizá extranjera, trabajando como una hormiguita para mandar un poco de dinero a sus país, a sus hijos que serán dos o tres o cuatro, soñando con un trabajo mejor, pero sobre todo con que éste dure, que no se acabe, por lo menos que me quede como estoy. Vuelve el silencio. La persona ha debido irse con su carro y sus pensamientos a otro lado, debe saber que estoy aquí aún, que no he abandonado la habitación.

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Abriré la ventana. Ayer cuando llegué ya estaba echada, no sé lo que hay al otro lado, si un parque o un muro cerrado o ... ¿por qué no? Aquella placita extraña, aquí mismo, bajo la ventana ¿por qué no?

Retrato 2: Mons Caius

Retrato 2: Mons Caius

Cuando los animales enormes hoyaron

la panza blanda de la tierra

ya tú estabas ahí

solemne y blanco

cobijando los ojos humanos

atónitos por la aparición del fuego

que luego calentaría tus entrañas

por vez primera. 

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Viste a los hombres escribir

sus palabras iniciales

y con el sílex y el hierro de tus huesos

construir sus armas de caza

o de guerra,

desfilar a las legiones romanas

de camino a Numancia

una y otra vez. 

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Antes de las soflamas, la cruz

y las trompetas

eras ya un Dios

inmóvil y omnipresente

origen del sol y de las nieves

ubre poderosa

y eterna. 

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Y llegaron los caballos

de la media luna y cruzados

y los mercados que hicieron grandes las ciudades

a tus pies

y los monjes de Francia

con sus bóvedas austeras

bajo tus tres canosas cabezas

ibéricas:

tres religiones. 

_____

Y más tarde las banderas

de Aragón y de Castilla

y de Navarra:

tres coronas hermanas

bajo tus tres chepas. 

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Y llegó España

¡Oh España!

haciéndose y deshaciéndose

en esperanzas y guerras

y un poeta enfermo

y de su voz moribunda:

una rosa nueva.

La primera vez

La primera vez

Elegí la ciudad de entre todas para que nadie pudiera reconocerme, donde no tuviera ningún vínculo parental ni memoria de un amigo ni de nadie. Me hospedé en un hotel barato, anodino, gris, podríamos decir. ¿Cuántos días se va a quedar? Una semana al menos. No sé. Quizá más. Salí a recorrer la ciudad que no era grande ni pequeña y a primera vista pareciome a la medida. La gente era más bien adusta, no hacía demasiadas preguntas –eso estaba bien-, no pretendía ser graciosa ni demasiado hospitalaria. Caminé y caminé hasta sentir dolor en las piernas y me senté en un banco junto al río a fumar un cigarrillo. Estaba algo triste, aunque tranquilo. Empezaba una vida nueva.

_____ 

La casa, la casa era el problema. Podría comprar o arrendar, tenía dinero para ambas cosas, claro está: siempre que llevara una vida lo suficientemente austera. Entre las dos opciones prefería la primera que me evitaría mantener contactos rutinarios con el arrendador aunque me exigiría pasar por el sinfín de los trámites legales de la compra. En fin, más valía pechar con ellos una sola vez y no verse envuelto en una indefinida relación contractual, meditaba yo. Pero no quería ni pensar en el vía crucis de las visitas a los pisos en venta, las interminables conversaciones con sus vendedores. ¿Es usted sólo o tiene familia? Hombre, siendo así es un piso ideal, vamos que ni pintado. Y dígame ¿es usted de aquí?

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Sentí hambre. Al otro lado del río los vehículos roncaban su rumor interminable. Se escuchaban algunos pitos. ¿Y si encontrara un pequeña casita? Sería perfecto, sin vecinos ni reuniones de comunidad: Si me alcanzara para un casita... Me puse en pié. Hacía frío. Traté de andar rápido. ¿A dónde ir? Debería conocer la ciudad cuanto antes, palmo a palmo, caminarla entera cuantas veces fuera necesario hasta dar con el lugar que sería mi definitivo refugio. Traté de imaginarlo, tranquilo, lleno de silencio. Me reconfortó aquella imagen.  

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 Tomé por el puente más cercano, apartándome de la baranda, me daba un poco de vértigo. Era Enero y la niebla levitaba casi inmóvil sobre al río. Los transeúntes exhalaban sus vahos blanquecinos como pequeños dragones y los árboles urbanos, como fantasmas entre la bruma, mostraban su esqueleto desvestido.

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Un poco más adelante la vi por primera vez y en seguida percibí algo especial, ya en aquella ocasión. Algo indefinible, como ocurre cuando se contempla un rincón de singular diferencia o extrañeza o armonía o misteriosa familiaridad, quasi-mágico  para uno, sin saber por qué, sin identificar el detalle ni la causa de la sutil sorpresa... Pero por alguna irreparable vergüenza o por el frío o por la inercia de los transeúntes que marchaban apresurados a mi alrededor no me detuve. Seguí mi camino lenta y torpemente y a punto estuve de darme de bruces con algún peatón, sin dejar de mirarla... hasta que la perdí de vista, preguntándome a mí mismo, tratando de averiguar algo, una luz o una sombra, de aquel inesperado escalofrío.

Retrato 1: Las Palmas

Retrato 1: Las Palmas

Esta ciudad de cerros y palmeras,

encaramadas  y humildes casas de colores

y glorietas con bustos

de personalidades

y jardines presumidos

de lejanas plantas tropicales,

de calles nobles y quietas

que resisten el bullir de los nuevos comercios

y la amenaza de las grandes avenidas,

muestra aún colgados orgullosos blasones

y placas agradecidas

a notables

y portalones ilustres,

recios balcones coloniales,

arcadas y frontones, hermosas molduras

y ménsulas y arquitrabes.

 

Esta ciudad de veleros y patrones

ciudad buque, capitana

de sus hermanas isleñas

fragatas menores

acoge a los ávidos marineros

viajeros, turistas, inmigrantes

con la sonrisa callada

de sus hermosas mujeres.

 

Esta ciudad puerto,

artesana y comerciante

marinera, cruce de caminos

descubridores

ciudad madre

ensenada, codicia

de piratas

aún no conoce nostalgia ni invierno continentales

 

Ciudad puente y espejo

naviera

carabela y foque

berebere

castellana y andaluza

y flamenca, genovesa y portuguesa

algo inglesa

barcelonesa, habanera y parisina

ciudad bienvenida, mestiza

haz de viento, panzaeburro y tempestades

luz de África

ancla

de esperanza y sueño:

¿Cómo pudo abandonarte el Almirante?

Paisaje 1: Tumaco

Paisaje 1: Tumaco

Tumaco es un enjambre

robándole sitio al Océano Pacífico

y mercaderes de todas las edades

y ritmos de tambores,

encrucijada de ríos de sangre negra. 

No hace tanto tiempo que los hermanos Pizarro,

cerca de allí,

desafiaban los ríos cenagosos y la malaria en rumbo al Perú.

Y hace menos que los aventureros

venidos de alguna parte

exprimían las venas fluviales

en busca del oro del Pambana,

y menos aún que las guerrillas marxistas

empezaron a formar parte del paisaje

febril y verde. 

Hace tanto calor que, nadie duda,

está pronta por llegar el agua. 

Yeimi agita una revista

para hacerse aire.

Alguien pide una cerveza y se levanta,

arrastrando los pies,

calculando los movimientos, a servirla: Poker, bien heladita mi amor. 

Los vehículos desvencijados cargan y descargan mercancías

en las callejas barrosas del mercado hormiguero. 

Nicanor quita la hélice del motor

no vaya ser que la roben

y doña Lupe prepara su bandeja paisa,

fríjoles y arroz y carne molida y tajadas de plátano

y un poco de este queso costeño que no es como el de allá

el de su hermosa montaña, que quien le mandaría a su padre,

que en paz descanse,

venir a aventurarse en estas tierras, Ave María. 

Los militares vigilan el hotel de la plaza

que el enemigo puede andar en cualquier parte

y las músicas –vallenato- estridentes –cumbia y currulao- se multiplican y anulan

en concierto confuso, voraz. 

La doctora María repasa las cifras y el sudor de su frente,

si al menos hubieran construido este techo un poco más alto,

necesitamos diez microscopios más, diez,

dice a las autoridades de San Juan de Pasto, y

unas ampollas de quinina.

Si no fuera por lo que quiere a esta su tierra

un día hacía la valija y se iba para Bogotá

y aquí se quedaban todos

con su política y sus envidias. 

Pargo rojo y arroz con camarones.

Los señores deben ser paisas, doña. O extranjeros.

De beber han pedido micheladas, sí señora.Yeimi se incorpora, resopla.

Una nunca se acostumbra a este calor. 

Las jovencitas sortean los charcos

con sus uniformes blancos.

Es la hora del almuerzo. 

Pero el bullicio del mercado no merma,

sigue vivo, ni el trajinar lento de los muelles

ni el sonar de los altavoces de los equipos de música. 

El avezado motorista envuelve con la capa plástica

todos los pertrechos marineros.

Y sobre todos deposita el preciado canalete grabado con su nombre: “Nicanor”.

Está baja la marea, observa satisfecho. 

Los manglares solitarios del Patía enseñan

al medio día

sus entrañas brillantes de barro, plagadas de cangrejos,

tejen con inmortal paciencia su red inextricable de secretos

y perlas

orfebrería de Yemayá

bruñida en el recuerdo lejano de los primeros indios que poblaron estas tierras de jaguares y anacondas. 

La lancha del trasporte público rebrinca sobre las olas,

casi vuela, alcanzando el Morro de Tumaco. 

¿Dónde se ha visto?

¡Ni unas ampollas de quinina! 

Los soldados toman la sombra

debajo del gran árbol milenario alguna vez

traído de África

mientras las casitas de madera

duermen la siesta sobre sus zancos mojados. 

Nicanor cuelga la gorra en la percha de su casa.

Se lava la cara y las manos, espía por la ventana y sonríe:

Ya vuelve a subir la marea.

Margarita, está linda la mar (Al maestro Rubén -a cambio de hurtarle el título- y a Pepe Gracia, capitán de maquinistas y maestro, también, de marineros y buen amigo)

Margarita, está linda la mar (Al maestro Rubén -a cambio de hurtarle el título- y a Pepe Gracia, capitán de maquinistas y maestro, también, de marineros y buen amigo)

A babor navegan las nubes con su cortejo de velas azules y grises. Hacen guiños a luz del ocaso. El Fortuny avanza, en su vaivén cíclico, golpeado por las olas incansables.  Asciende y desciende, a los ojos del viajero, la línea del horizonte. El viajero lía un cigarrillo con parsimonia de marinero. La televisión tabletea en la cervecería de proa, la imagen viene y va sin dejarse atrapar. 

_____

El camarero de la cervecería de proa maniobra la máquina cafetera. Un cortado descafeinado de máquina. Sí señor. Veinte días… Tan sólo veinte días para desembarcar, piensa. Suspira. “Que veinte años no es nada, que febril la mirada…”. Canturrea el tango de Gardel. La Pampa debe ser inmensa como el mar, medita el camarero… 

_____

Vamos con viento de popa y aún así se menea este barco del demonio. ¿Cómo será  a la vuelta? Conversan un grupo de oficiales. ¿Mar gruesa? Algo más, diría yo. ¿Arbolada? ¡No jodas, hombre! Tanto no. La mar arbolada es alta como un árbol. No me asustes al doctor, que se nos puede desembarcar en el primer puerto. 

_____

El viajero solitario fuma, saca una libretita y anota alguna cosa. Algo anuncia la megafonía que no alcanza éste a entender. Debe ser la cena. Bosteza. Pierde su mirada en el horizonte. 

_____

Doce con cincuenta. Doce con cin-cuen-ta. Yes. Zenquiu. El camarero piensa en la Pampa. Un día iría a verla como había hecho el abuelo navegando a doce nudos. Ahora navegamos a diecinueve. ¡No hemos avanzado tanto! Se dice a sí mismo. El abuelo había tramado amistad con el calderetero –recordaba la historia, tanta veces escuchada- que le había mostrado la máquina: “el verdadero tesoro de un barco”. Un monstruo de mil seiscientos caballos con dos motores Krupp. ¿Se imagina? Es como si mil seiscientas bestias tiraran de él galopando sobre la mar contra la furia de los vientos y las corrientes, auriga y trirreme, habría dicho el calderetero sesenta años atrás, con su acento gallego, mientras caminaba con sigilo, seguido del abuelo, entre los entresijos del gigantesco intestino naviero, palpando cada recodo, cada requiebro metálico, buscando un exceso de temperatura, una fuga, una vibración sospechosa… 

_____

Margarita: está linda la mar. Escribe el viajero. Está brava pero hermosa, como un novillo enrabietado, como tú cuando te pones de mal genio. Puedo verte en este instante lanzar esas chispitas desde tus ojos bellos, que tanto echo de menos. Puedo verte en cada brinco de las olas que revienta en borreguitos de espuma efímera, evanescente. Yo estoy aquí, sentado en la cervecería de proa, mirándote, mirando al mar, Margarita. Lío un cigarrillo y bebo cerveza despacio, muy despacio. No tengo prisa por llegar. 

_____

Pon otras cañitas, Jose, hombre. Pero Pepe: ya es la hora de cenar. Vámonos. No pidas más, estará esperando el capitán. ¡Las últimas! Sólo las últimas. ¡Por el temporal! ¡Oh tempora! ¡Oh mores! Chín, chín. ¡Por mi jubilación! No te veo jubilado. ¡Ah! ¿No? Pues yo sí me veo, me quedaré más ancho que largo perdiéndoos de vista. ¿Y sobre el mar, la mar, el mar…? No lo veré más. ¡Ni mirarlo a la cara! Se acabó. Eso no te lo crees ni tú, dice el primer oficial. ¿Qué enfermedad será esta, doctor, qué síndrome? ¿Hastío de mar? Dice el jefe de máquinas. El médico no sabe qué responder, bebe poco a poco, para evitar el mareo. 

_____

El abuelo se había ido bien joven, con menos de veinte años. ¡Hay que tener cojones! Divagaba el camarero. En un barco como uno de aquellos de los que aparecían en las fotografías antiguas que adornaban las paredes de la cervecería de proa. Más de un mes de navegación. Veinte días. Veinte días para desembarcar. Veinte días no eran nada… 

_____

No tengo ninguna prisa por llegar, Margarita… El viaje es una esperanza y el destino, siempre, una frustración irremediable. Quien pudiera tomar una embarcación sabia que no atracara jamás, quien pudiera ser su capitán, su tripulación eterna e inmutable. Margarita: está linda la mar. El camarero de la cervecería es un hombre joven, reservado y educado, algo meditabundo, diría yo. En la barra hay un grupo de oficiales hablando de sus cosas. Conversan y de tanto en tanto miran al mar. Yo no tengo ganas de cenar. He preferido escribirte aunque no sé si podrás recibir esta carta, Margarita. Quizás la meta en una botella y la tire por la borda para que llegue a la costa de tus manos delicadas en algún amanecer ondulado y quizás, entonces, puedas llegar a leer estas palabras. Los oficiales abandonan la cervecería y salvando al camarero aquí no quedamos sino yo y tú, o tu recuerdo que es igual. El camarero trajina la vajilla y fuma un cigarrillo a escondidas. El sol se va del todo y entre las nubes deja, encarnado e inevitable, un resquicio de tristeza. Desde el comedor autoservicio llegan los ruidos de los carritos de distribución de comidas. Una ola golpea el caso del buque, se despliega como un abanico gigante hasta derramarse en mil gargantas, sobre la cubierta séptima, donde nos encontramos tú y yo. Cosas de Poseidón. Margarita: está linda la mar ya nocturna, confundida con los cielos apagados, negra y oscura, vergonzosa, que no quiere ni luna que venga a iluminarle. Y aún así bella, Margarita. Está linda la mar.

Esas miradas

Esas miradas

Hay blancos que miran a los blancos. Hay negros que miran a los negros. Hay blancos que miran a los negros y negros que miran a los blancos. Hay blancos que miran a los blancos de entre los negros superfluos: negros-telón de fondo. A veces -tan sólo a veces-, un blanco entra en un restaurante y hace un leve gesto al único blanco que se encuentra allí. ¿Y porqué me saluda a mí? Quiero decir, a mí precisamente, puede pensar el blanco-blanco de la mirada. Algunas -otras veces-, un blanco entra a un lugar y todos –negros- miran al blanco: practican el “miro al blanco”. El blanco es feo, pálido, a veces peludo. A veces el blanco –la blanca- enseña las piernas. Los blancos se suenan la nariz. ¡Qué cochinos! A veces se suenan en un pañuelo, lo doblan y guardan la marranada en el bolsillo. Sí, cómo lo oyen: yo lo he visto con estos ojos, piensa el negro o un no occidental, un pakistaní por ejemplo. Por cierto: ¿de qué color son ellos, los pakistaníes? Se hace la pregunta un blanco occidental y un negro. El blanco occidental contesta que negro y el negro que blanco. Bueno, todos los blancos occidentales no contestarían eso, pero algunos sí. Algunos -sólo algunos-, blancos saludan a sus colegas étnicos de modo especial cuando entran a un café de Dakar, ya lo hemos dicho. Algunos -de entre aquellos algunos- lo harán por solidaridad. ¿Qué solidaridad? Racial…será. O solidaridad de exilio. El blanco no deja de sentirse expatriado en estas tierras de negros, a veces aún después de muchos años. Los más de los negros saludan a los blancos: “¿Ça va?” y a los negros “Asalam Malecum”. Dios no es cosa de blancos, pues. Los blancos saludan, a los blancos y a los negros: “¿Ça va?” y “¿Ça va?” Ratifican los blancos, entonces, la opinión de los negros. Los blancos -a veces- dicen, contestando a los negros que les acosan en el centro de la ciudad: “yo no soy turista” Los negros acosadores, que son pocos -algunos pocos, pero ¡por Dios que cunden!-, distinguen al blanco del blanco-blanco, o sea, del turista, pero ante la duda actúan: nada se pierde por intentarlo. Hay blancos, sin embargo, que sólo saludan a los negros porque todos los blancos son unos hijos de puta, menos uno -claro está- bueno…, y la novia de uno, y un par de amigos. Hay negros que no saludan al blanco por no molestar. Hay blancos que no saludan al negro porque no saben si procede o qué. Hay blancos que quieren saludar a todos, a toditos los negros que se encuentran en la calle: “criaturitas”.  Vamos que hay de todo en la viña de Alá, concluiría el viajero.

  “¡Vaya: las ocho!”.

 El viajero escucha lejano el cantar flamenco de una mezquita. Afluye, de modo automático, a su memoria el recuerdo del martinete del cantaor de la Isla, el sonido del yunque. Canta, se lamenta, el Camarón desde la mezquita:

 “Las siete van a dar

 en el reloj de la Audiencia:

 ¡Dios mío! ¿Que pasará…?

 Porque he nacido gitano…

 no crean que soy malo,

 que habemos buenos y malos

 y todos semos cristianos”.

 Todos somos cristianos, repite el viajero. Otra categoría. Al principio de los tiempos sólo hubo cuatro: los hombres, las mujeres, los animales y las plantas. ¡Hay tantas ahora…! El cristianismo quiere borrarlas: todos somos hijos de Dios. El marxismo quiere borrarlas...

El viajero abandona el restaurante “Le Regal” para volver a casa. Un letrero que anuncia pastelitos especiales para romper el ayuno recuerda el viajero que mañana comenzará el mes santo del Ramadán. 

Historia triste de Chile

Historia triste de Chile

Once de Setiembre: Salvador
descansa en paz.
Enredadera de calles y cuestas
puerto legítimo almidonado
en el resquicio de tu memoria lejana
son tus calles sembradas de efectivos.
Raúl, es detenido.
Proclamas y fanfarrias, allanamientos de hiel
alguna mueca horrible con voluntad de sonrisa.
Es la muerte.
La Radio Magallanes voz de la aurora y del crepúsculo
del sueño de los inocentes
canta tus últimas palabras mientras
llora la última mujer
ona.
Estrépito de motores
rumor de tambores de traición consolidada
y de gases flatulencias
de la monstruo intestinal.
Augusto Olivares se suicida.
Es la muerte.
Arsenio Poupín ¿dónde estás?
Claudio Gimeno ¿dónde estás?
Jorge Klein ¿dónde estás?
Enrique París ¿dónde estás?
Eduardo Paredes ¿dónde estás?
Enrique Huerta ¿dónde estás?
Comienza !Señores!
el toque de queda en Chile.
Chile mineral, chilecóndor, chilevoz, chilequebrada, chilevid,
Chile volcán, chilearaucaria, chilebandera, chilemaipú, chileyungay,
Chile altiplano, patagón, chilearaucano,
mapuche, chango, chono, huilliche, pehuenche, picunche, atacameño,
diaguita, alacalufe, yagán, ona, inca, español
¿qué te espera?
¿Quien?

“El príncipe” se lleva a Víctor
corre su sangre
en su garganta
en su piel de pino y cobre
apagaba sus cigarros
“El príncipe”.
Litré, de apellido Quiroga, no anduvo en mejor fortuna
ni tantos otros.

Eduardo Paredes y veintiseis más
fusilados y después dinamitados
no fuera que revivan.

Corre la razón brilla el espíritu de la inteligencia
editorial quimantú: éste por peligroso
a la hoguera
aquel marxista o disociador o contrario, zurdo, equivocado, ambiguo
homosexual, nerudo, indio o negro, a la hoguera
!a la hoguera!.

Pasea la grada del Nacional, el diecisiete
este sí, este no
va negro debajo
de una negra capucha 
Juan el pobre traidor
que acabó como sus elegidos.

Dos veces mataron a José Guillermo Barriga
en el setenteitrés y en el setenteicuatro
la primera en Curacaví
afusilado (él y seis más)
la segunda en Curacaví
desaparecido al volver.

Blanca cayó al río Pilmaiquén ilesa
de la vida
sus doce compañeros
cruz
habían sido entregados por el benemérito cuerpo de carabineros de Chile
a unos hombres?
oscuros cada uno
debajo de una máscara
oscura en el invierno
oscuro del dieciocho de Septiembre
oscuro.

Joan Alsina era cura el dieciocho
español y chileno, el dieciocho
y laboraba en el Hospital de San Juan
de Dios !Dios! diez
balazos en
la espalda
tras brutal golpiza (internado Barros Arana ocupado por el ejército)
Miguel Woodward, porteño de Valparaíso
era, también, sacerdote
prisión tortura y muerte para Miguel (en el Hospital Naval)
Gerardo Poblete, porteño de Iquique
era sacerdote
también
misma receta.

Dos estudiantes, un profesor, el director
de la escuela
ferroviarios, comerciantes y
un regidor
de Laja
en el camino a los Angeles.

Veintiuno de Setiembre: seis (ley de fuga)
Regimiento de Tejas Verdes

Veintidós:
El gobierno de los Estados Unidos reconoce oficialmente a la junta militar.

Veintitrés:
muere
de pena
la voz del Poeta
Neftalí Reyes Basoalto
Pablo Neruda
y el veinticuatro
deciocho campesinos de Paine (regimiento de infantería San Bernardo)
y el veintisiete
Germán Castro Rojas
y el veintiocho
Roberto Avila, Arturo Koyck
y el día siguiente
siete ferroviarios más
y el treinta seis (ley de fuga)
muertos más
de ellos Michel Nash que cumplía servicio militar
y hubo sido detenido
por negarse a fusilar

Octubre tres, cuatro
estudiantes en Cauquenes.
Día cinco: el Coronel Renato Cantuarias
muere
por demócrata.
más nueve (ley de fuga)
San Antonio Manuel Contreras Sepúlveda
obra y gracia.

El seis fueron trece
campesinos de Mulchén
también inarmados
también adefensos
ocho de ellos
previa y fiera
tortura.

Diez de Octubre: trece, algunos decapitados
flotaban en carnívoro homenaje
Valdivia
Gira, Pablo, la rueda de la muerte.

Once: cinco (campamento de Pisagua).

Si quiera alguna luz brilla
en la escorial borrachera de los armados
Isaías Lavandero, Mayor del ejército
y Harald Edelstam, embajador de Suecia
dan la libertad a cuarentaiún uruguayos.
Gózenla hermanos
que no podrá hacerlo el Mayor
de la dignidad
fusilado el día del Pilar
o de la raza
allá mismo
apenas tres días después
en la verguenza del estadio.

Entre el quince y el diecinueve: sesentaisiete
de la carcel a la fosa
más un menor de edad: José Gregorio Saavedra
sesentaiocho.
Negro balance de la comitiva de Arellano
de rango:
General del odio
que pasó por La Serena, Copiapó,
Antofagasta, Calama
Concepción y Valdivia
de norte
archicruel
a sur
protosalvaje.

Desaparecidos veintitrés
campesinos de Paine (cerros de Chena)
el dieciseis,
fusilados seis
el dieciocho
en Chamiza
cerca de Puerto Montt
el diecinueve
Mr. Ed encuentra el cadáver de su hijo Charles Horman

Treinta de octubre: cinco fusilados

Noviembre, nueve
mil doscientos hombres y mujeres
chilenos o extranjeros
vuelan del Estadio Nacional
a la Pampa
del Indio Muerto
campo de reclusión de Chacabuco.
Diez: siete detenidos son muertos (regimiento de Tucapel).
Veinticuatro: Harald el Sueco
 “non grato” a la soldadesca.

Trece de Diciembre:
el doctor Van Schwen es secuestrado
y desaparecido,
verbigracia,
son doscientos cincuenta
en cuatro meses

Mil novecientos setentaicuatro Chile
el país amigo del extraño
otrora
es abandonado
de la suerte
y de ocho mil extranjeros.

La calle es empedrada y estrecha
afarolada, sus casas
guardan recuerdos artesonados
secretos en la forja defensiva
e ilustre algún blasón
exhibe pétreo su nobleza
el adoquinado dibuja un espacio
de tierra fértil circular
a algún arbolito que crece presumido
en la digna arquitectura
calle de Londres
de Santiago de Chile
¿Cómo pudiste tú?
¿cómo pudiste?
calle vecina albergar
los insultos, las amenazas, los golpes, las porras, las tenazas, las tijeras,
la picana, los cuchillos, las pistolas, la porra, la sal y el vinagre, las toallas húmedas, las cuchillas de afeitar,
los penes alcohólicos,
los mordiscos...
¿Cómo pudiste Londres, José Domingo Cañas, Peñalolén (Villa Grimaldi)?

Catorce de Marzo: muere
endenantes torturado
el General Bachelet (academia de guerra aérea)
y el quince
famélico
José Tohá (hospital militar).

Veinte de Julio:
Julio Guajardo Zamorano
detenido (calle Londres)
maniatado
un camión sobre sus piernas
y desaparecido.

Veintidós de Julio: !Cuidado! que llega la OEA.

Veintiocho de agosto: Arturo Barría
desaparece (regimiento de Tacna)

Veintinueve:
General Carlos Prats González.
Sofía Cuthbert.
asesinados (Palermo, Buenos Aires)

Tres de Octubre: desaparecen
Jorge Elías Andrónico
Juan Carlos Andrónico
Francisco González Manríquez
Cuatro: David Silberman (Villa Grimaldi)
Cinco: Miguel Enriquez Espinoza se defiende
y cae

Veinticinco de Octubre:
Antoni Llidó Mengual
sacerdote
de la tierra de las flores
y la luz
torturado (Cuatro Alamos) y
desaparecido.
Treinta:
Jaqueline Drouilly
el producto de su vientre
y Marcelo Salinas Eytel
desaparecen.

Dos de Noviembre:
desaparece Guillermo Beausire.
Cinco: Lumi Videla Moya.

Brutalmente torturados
en la Villa Grimaldi
el última día del año
desaparecen después
Jaime Robotham y Claudio Thauby.
detenido-desaparecido
Alberto Guendelman Wisniack

Milnovecientos setentaicinco
Enero
Villa Grimaldi:
Fabián Ibarra,
Sonia Ríos,
Alfredo García,
Carlos Rioseco,
Horacio Carabantes,
María Gutierrez Martínez,
Abel Vilches,
Elías Villar
¿Donde están?

Marzo:
Tres: Iván Monti y su hijo de cinco años
sólo parecería el infante
en el Hogar Niño y Patria de Carabineros

Veinticinco de Marzo: Visita Chile Milton Friedman fundador de la “escuela”
de Chicago

A Sergio Zamora le salvó la vida
el quince de Mayo
la monja Blanca Rengifo
y el Cardenal
Silva Henríquez
que la salvó a tantos

Junio y veinticinco
cinco y un recien nacido
en la Villa Grimaldi
Carlos Lorca Tobar
Carolina Wiff
Exequiel Ponce
Ricardo Lagos
Michelle Peña Herreros (de España)
su hijo que vió
la luz?

Veintiseis
Roberto Guzmán Santa Cruz
de profesión abogado
de naturaleza
muerto
hace ya veinte meses (ejecutado, La Serena, General Arellano Stark)
es condenado
a 541 días de cárcel
Por si regresa.

Julio:
Ciento
diecinueve
desaparecidos
Ciento diecinueve desparecidos
“fueron muertos en Argentina, Colombia, Venezuela, Panamá, Méjico y
hasta en Francia por sus propios compañeros de lucha...”
Esa fue la respuesta
al recurso de
amparo
de los familiares
“Exterminados como ratones”
contaba un diario
que se dice “La Segunda”
y que aún existe.

Dos de Agosto: Pinochet censura por destructiva la serie de Televisión
“Mafalda”
(de Quino)

Septiembre:
Arsenio Leal Pereira (civiles encapuchados)
Humberto Castro Hurtado (civiles encapuchados)
se sabe
que el último
fue brutalmente golpeado
antes de morir.
A la mujer del Señor Leal Pereira
le dijeron ( un oficial)
que Arsenio se suicidó
en prisión.

Los de la capucha:
el comando conjunto
esto es Carabineros, la Armada y civiles de “Patria y Libertad”
Sus Laureles:
más de setenta
desaparecidos
milnovecientos setentaicinco y setentaiseis.

Seis de Octubre:
Bernardo Leighton (salva la vida)
Anita Fresno (lisiada)
en la Vía Aurelia de Roma
Italia.

Dagoberto Pérez se defiende
y cae
el quince de Octubre

Veinticinco de Octubre
Jaime Ossa Galdames
profesor

El diez de Noviembre:
Enriqueta Reyes Valerio
madre de cuatro pequeños
portera
de la Congregación de los Padres Columbanos
Calle Larraín Gandarillas
muerta a tiros
tras allanamiento
se llevan a
Sheila Cassidy
doctora
británica
delito: curar a un baleado
pena: repetidas torturas
y expulsión.

Seis de Noviembre
Miguel Rodriguez Gallardo, Ricardo Weibel y
otros nueve
ejecutados
el comando conjunto.

Veinte de Noviembre
Alejandro Avalos Davidson
profesor de la Universidad Católica
Villa Grimaldi
y desaparecido.

25 de Diciembre; Navidad
Humberto Menanteaux y Hernán Carrasco
destrozados y mutilados
en la cuesta de Chada

Milnovecientos setentaiseis
El Arzobispo de Santiago
El Cardenal
Raúl Silva Enriquez
crea la Vicaría de la Solidaridad
sucesora del Comité Pro Paz
un brazo de agua
en el desierto calcinado
que humedeció sin embargo
tantos labios
abrasados.

Veinticuatro de Marzo
aquí al lado
Isabel Martínez
de Perón
es depuesta
Los héroes: Videla-Agosti-Massera
No vamos a ser menos
dijeron
a fé.

Pude ver a mi abuelito
lo tenían colgado de los brazos
pendiendo de un palo
a mi abuelita la tenían
sentada en una silla
Bernardo Araya Zuleta y Olga Flores
eran los abuelos
desaparecidos
las palabras fueron de uno de los tres nietos
quince, nueve y nueve
años
presos
también
y sueltos al otro día.

El periódico “El Mercurio”
que aún existe
dedica dos editoriales
sucesivas
a explicar
la política de exterminio
anunciada contra el Partido
el Partido Comunista
veinticinco de Abril.

Luis Emilio Recabarren
Manuel Recabarren
Nalvia Rosa Mena (embarazada, tres meses)
Manuel Recabarren
el niño de dos años
Sólo volvió el pequeño.
veintinueve de Abril.

Mayo:
del cuatro al siete (calle Conferencia)
Mario Zamorano, Jorge Muñoz, Jaime Donato,
Uldarico Donaire, Elisa Escobar
desaparecidos
el treinta (Cajón del Maipo)
Guillermo Bratti Cornejo
Fedor Flores Castillo

Cuatro de Junio: Kissinger participa en la VI Asamblea de la OEA
Pinochet inauguró tal evento.

Dieciseis de Julio:
Cerro de San Cristobal
cadáver torturado
múltiples fracturas
en vida fue español
funcionario de la CEPAL
Carmelo Soria.

Cuatro de Agosto:
los doctores
Carlos Godoy y
Iván Insunza
desaparecidos.
el mismo día:
Hugo Vivanco y Alicia Herrera
al otro día: Oscar Ramos Y Arturo Ramos
cinco días más tarde: Nicolás Vivanco
hijo de Hugo y Alicia
al tramitar el recurso
de Amparo
para aquellos
desaparecidos.

Quince de Agosto:
tres obispos son agredidos
por facciones adictas
al régimen.

Doce de Septiembre:
Marta Ugarte Román
desfigurada
espina dorsal rota
y muerta
cerca de Pichidangui.

Veintiuno de Septiembre:
Orlando Letelier
Ronnie Moffit
en Washington DC

Tres de Noviembre
Carlos Contreras Maluje
atropellado por un bus
en su huida
detenido
en el lugar del accidente
y desaparecido
para siempre.

Fernando Ortiz
Reinalda Pereira (ocho meses de embarazo)
y once más
desaparecidos entre
veintinueve de Noviembre y
veinte de Diciembre.

Mil novecientos setenta y siete

Cuatro de Abril:
Se prohibe en Chile
importar novelas
de
Gabriel García Márquez
Mario Vargas Llosa
Julio Cortázar.

Dos de Mayo
El menor
Carlos Veloso
es secuestrado
torturado y vejado
luego cae su padre
sindicalista democristiano
ante el escándalo
se apresa a cuatro vecinos
cualquiera
“son los culpables”
y también se les tortura
uno, Jorge Troncoso Aguilar, muere.

Del uno al cinco de Septiembre:
El Buque Esmeralda
Escuela de tortura
es atacado en Turquía,
insultado en España,
e impedido a atracar en Venezuela.

Beatriz Allende se suicida
el doce de Octubre.

Veintidos:
Juan “el encapuchado”
delator
del Estadio Nacional
está tendido en la calle
diecisiete puñaladas
lleva puestas.

Veintidós:
Guillermo Osorio
jefe de protocolo de la Cancillería
testigo clave
en el crimen de Letelier
muere
como de repente.

Diez de Noviembre:
Asaltan una farmacia.
Los carabineros detienen
a los dos delincuentes
Eran de la DINA.

Veinte de Noviembre:
Chile recupera espacio en el ámbito internacional
Se establecen relaciones con Surinam
(ante la OEA).

Veinticinco de Noviembre:
Tres esposas de desaparecidos
que regresan de contar al mundo
lo que ocurre en Chile
son impelidas a continuar su labor
“ad etérnitas”
allende las fronteras
de su patria
perdida ésta,
perdidos aquellos.

Milnovecientos setenta y ocho…